Me gusta cuando callas...____________________
Roberto Quesada robertoquesada@hotmail.com
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Los que tienen buena voz pero un canto monótono, se
exponen a que el
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auditorio se duerma. De Orfeo a Morfeo no va más que una
letra.--Petit-Senn
A mi querido primo Fernando Caffoll Quesada,
especialista en reírse de las voces.
No
se trata de la leída sección en boca cerrada, de este periódico,
de Tiempo, en donde se acostumbra a citar a la gente cuando se
va de las palabras, ni tampoco de contradecir el poema del
genial poeta Pablo Neruda. No, nada de eso sino de la voz: del
hablar y del leer en voz alta.
No hace mucho, digamos, hace un mes más o menos, me aplazaron
pero no por la voz sino por no sé que, por algo que aún no acabo
de entender. Incluso, quien me aplazó, Manuel Herrera, quizá
como premio de consolación, me dijo que ni siquiera era un
aplazo pues mi voz era muy buena, era perfecta como para que yo
fuese un buen locutor. Adelante contaré en qué y cómo fui
aplazado.
Muchas veces uno cree fácil hacer lo que hacen los demás si no
lo ha experimentado, no se ha puesto a prueba. Pensé en los
narradores deportivos, como a velocidad del balón, en el caso
del fútbol, le van construyendo al radioescucha el escenario y
la acción como si uno estuviese desde las graderías mismas, las
de sombra, claro está.
También recordé a mis amigos periodistas, reporteros de la radio
para ser más precisos, como del conversar común con uno se
transforman al escucharles ya ejerciendo su profesión. Uno
podría creer, por ejemplo, que por la voz Rómulo Matamoros es
más alto, o que Percy Durón es menos tiznadito y Chendo pelo
liso. O que Juan Bautista Vásquez es enorme, físicamente
hablando, y que Napoleón Mairena Tercero está mucho más joven,
casi cipotón, como decimos en Honduras.
Y, claro, existen muchos más y espero no se me resientan por no
ponerlos de ejemplo, pero parodiando al poeta Roberto Sosa en
los pobres… “Son muchos y por eso es imposible incluirlos…”
En realidad llegó a pensarse que con la televisión y otros
avances tecnológicos la radio peligraba en la lista de
extinción, pero para nada. La radio sigue allí: vivita y
sonando. Es más, puede decirse que aventaja en muchas cosas a la
televisión. La radio, para el caso, no produce el sedentarismo
al que nos lleva la televisión. Con la radio encendida uno puede
hacer muchas cosas, hasta ejercicio, y con la televisión o la
lectura (ambas tan posesivas) se requiere estar allí en
exclusiva para ellas.
Lo anterior no parece pero es cierto: existe diferencia entre
radio y TV. Aprendí de mi hermano José Adán (Castelar), en una
visita que le hice cuando él vivía en Madrid, a bañarme
escuchando las noticias por la mañana. No se me había ocurrido
esa idea de tener un radio permanente en el baño, cosa que sería
un poco complicada con la televisión. De hecho, otro amigo, para
continuar ejemplificando con las diferencias entre un medio y
otro, que sabe de esta diferencia es Rodrigo Wong Arévalo, quien
en sus comienzos con Abriendo Brecha, hablaba con la velocidad
radial y dejaba a unas cuantas millas de distancia a la imagen.
Ahora ya no: supo acomodar el ritmo entre palabra y pantalla.
Existe una película de Woody Allen, que fue nominada a dos
premios Oscar, Días de radio, sobre la época dorada de la radio
en los cuarentas. No obstante, pese a la tele y otros muchos
medios más, la radio sigue dorada y adorada. Antes pensé que se
trataba por el nivel de analfabetismo en países como el nuestro,
pero no, en Europa y los Estados Unidos (y seguramente que en el
mundo entero) la radio continúa siendo de vital importancia. Con
todo lo anterior no queda duda que la voz no pasa de moda.
En un elevador, en Manhattan, íbamos un grupo de personas, todos
en silencio, como es habitual en los elevadores. De pronto un
hombre alto, semicalvo, comenzó a hablar con alguien y todos los
demás nos vimos entre sí. Eran de esas miradas que hablan, mejor
dicho: miradas que hablan y ríen. De aquel hombronazo desembocó
una vocecilla de cenicienta castigada que daba para ahogarse (de
la risa, claro está). No hay duda que el timbre de voz es casi
como la primera impresión, la que cuenta, no hay forma de
cambiarla. Tan así es que uno llega a reconocerse por la voz.
Modestia aparte, a mí siempre me han alabado mi voz, por tanto
creí que era muy fácil llegar a un estudio de grabación y
comenzar a leer y grabar. Por ello me alegré cuando Manuel
Herrera, de la importante firma de libros en audio Recorded
Books, me llamó para darme la buena nueva de que esta casa había
decidido grabar mi novela Big Banana y que ya que yo vivía en
Nueva York pues ni cosa mejor que estuviese grabada con la voz
del autor.
Allí pasé varias tardes en el estudio de grabación aprendiendo a
leerme a mi mismo (valga la requeteredundancia)… Y al final, no
de la lectura porque no hubo final, si no de mi intento por
perpetuar mi voz, Manuel Herrera me dijo que lo sentía pero que
yo no le daba la entonación al libro, la fuerza que requería, la
narración se volvía lineal y monótona y que por mi bien y el de
la casa editora era mejor que lo hiciera un especialista pues no
valía la pena que yo matara tan buena novela.
La novela saldrá el 2008, y para que no todo mi trabajo quedara
en el vacío, Herrera optó porque aparezca en la edición: “El
primer capítulo leído por el autor”. Para el resto de las 315
páginas ya han contratado al gran actor hondureño
WalterKrochmal. Como bien dice Manuel: “No es lo mismo ver
llover que estar en el aguacero”.
Todo lo anterior me ha hecho pensar en la radio, en la voz, en
las voces. Incluso, le dije a Herrera que Pablo Neruda leía de
forma horrorosa, de hecho yo prefiero escuharlo en voz de mi
amigo, nerudiano irremediable, que lo sabe de memoria, el
abogado Manuel Acosta Bonilla. Pero también pienso que a lo
mejor a Neruda no le agradaba mucho la voz de su mujer y por eso
le dedicó ese famoso poema “Me gusta cuando callas/porque estás
como ausente”. Pienso que en su interior lo que realmente el
poeta quiso decir fue: “Me gusta cuando callas/porque puedo
escuchar la radio”.
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